Las Líneas de la Mano
De una carta tirada sobre la mesa sale una línea que corre
por la plancha de pino y baja por una pata. Basta mirar bien
para descubrir que la línea continúa por el piso de parqué,
remonta el muro, entra en una lámina que reproduce un
cuadro de Boucher, dibuja la espalda de una mujer reclinada
en un diván y por fin escapa de la habitación por el techo y
desciende en la cadena del pararrayos hasta la calle. Ahí es difícil
seguirla a causa del tránsito, pero con atención se la verá subir
por la rueda del autobús estacionado en la esquina y que lleva al
puerto. Allí baja por la media de nilón cristal de la pasajera más rubia,
entra en el territorio hostil de las aduanas, rampa y repta y zigzaguea
hasta el muelle mayor y allí (pero es difícil verla, sólo las ratas la siguen
para trepar a bordo) sube al barco de turbinas sonoras, corre por las
planchas de la cubierta de primera clase, salva con dificultad la
escotilla mayor y en una cabina, donde un hombre triste bebe coñac
y escucha la sirena de partida, remonta por la costura del pantalón,
por el chaleco de punto, se desliza hacia el codo y con un último
esfuerzo se guarece en la palma de la mano derecha, que en ese
instante empieza a cerrarse sobre la culata de una pistola.
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a otros libros, otros poemas, otras imágenes, otros sentidos, otros caminos para andar infinitamente sin brújula ni destino...
miércoles, 1 de octubre de 2014
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