El joven viajaba solo, a su gusto, con una única maleta como equipaje. No tenía un destino. Se subía al tren, viajaba y, cuando encontraba un lugar que le atraía, se apeaba. Buscaba alojamiento, visitaba el pueblo y permanecía allí cuanto quería. Si se hartaba, volvía a subirse al tren. Así era como pasaba siempre sus vacaciones.
Un libro te lleva a... otros
a otros libros, otros poemas, otras imágenes, otros sentidos, otros caminos para andar infinitamente sin brújula ni destino...
martes, 10 de noviembre de 2015
El pueblo de los gatos
El pueblo de los gatos es un cuento de Haruki Murakami, dentro de la novela 1Q84, libro 1 , contado como un sueño que tiene Tengo, el protagonista, durante un viaje que realiza, a visitar a su padre.
jueves, 5 de noviembre de 2015
Una del montón
Soy esto, la que soy, una soñadora, amante de la lectura y de mis libros, buena amante del amor, de la belleza y del arte, de la sencillez de mi gente del interior, de los fideos caseros que me hace mi mamá y de las lecturas de mi abuelo, de los vestidos de novia que cosía mi abuela, y que me hacían soñar cuando era una niña, amante del Paris de Cortázar, que conozco a través de sus relatos y todavía no recorrí, esa, una del montón como dice Wislawa...
UNA DEL MONTÓN
Soy la que soy.
Casualidad inconcebible
como todas las casualidades.
Otros antepasados
podrían haber sido los míos
y yo habría abandonado
otro nido,
o me habría arrastrado cubierta de escamas
de debajo de algún árbol.
En el vestuario de la naturaleza
hay muchos trajes.
Traje de araña, de gaviota, de ratón de monte.
Cada uno, como hecho a la medida,
se lleva dócilmente
hasta que se hace tiras.
Yo tampoco he elegido,
pero no me quejo.
Pude haber sido alguien
mucho menos individuo.
Parte de un banco de peces, de un hormiguero, de un enjambre,
partícula del paisaje sacudida por el viento.
Alguien mucho menos feliz,
criado para un abrigo de pieles
o para una mesa navideña,
algo que se mueve bajo el cristal de un microscopio.
Árbol clavado en la tierra,
al que se aproxima un incendio.
Hierba arrollada
por el correr de incomprensibles sucesos.
Un tipo de mala estrella
que para otros brilla.
¿Y si despertara miedo en la gente,
o sólo asco,
o sólo compasión?
¿Y si hubiera nacido
no en la tribu debida
y se cerraran ante mí los caminos?
El destino, hasta ahora,
ha sido benévolo conmigo.
Pudo no haberme sido dado
recordar buenos momentos.
Se me pudo haber privado
de la tendencia a comparar.
Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera
lo que habría significado
ser alguien completamente diferente.
Wislawa Szymborska
Szymborska, Wislawa. Poesía no completa. 1a.ed.-Barcelona : Fondo de Cultura Económica, 2002.
jueves, 2 de octubre de 2014
La casa de las palabras
Hoy les traigo este cuento de Galeano,
La casa de las palabras
A la casa de las palabras, soñó Helena Villagra, acudían los poetas. Las palabras, guardadas en viejos frascos de cristal, esperaban a los poetas y se les ofrecían, locas de ganas de ser elegidas: ellas rogaban a los poetas que las miraran, que las olieran, que las tocaran, que las lamieran. Los poetas abrían los frascos, probaban palabras con el dedo y entonces se relamían o fruncían la nariz. Los poetas andaban en busca de palabras que no conocían , y también buscaban palabras que conocían y habían perdido.
En la casa de las palabras había una mesa de los colores. En grandes fuentes se ofrecían los colores y cada poeta se servía del color que le hacía falta: amarillo limón o amarillo sol, azul de mar o de humo, rojo lacre, rojo sangre, rojo vivo...
Eduardo Galeano. El libro de los abrazos
y por que me acorde de este relato, ya les cuento, me vino a la memoria en el taller "Leer en la escuela" que estoy haciendo, cuando Daniela Azulay abrió la primera clase con un libro álbum que me parece maravilloso "El ladrón de palabras" de Nathalie Minne
"...las hay de muchos tipos: saltarinas, tiernas, extranjeras, muy gordas y rojas de ira, y algunas tan largas que es imposible pronunciarlas (…) El ladrón de palabras, entonces, las clasifica y las mete en tarros de cristal.
Luego prueba algunas recetas: 2 palabras dulces, 3 mojadas, 1 picante y 2 cálidas. Lo mezcla bien y lo lanza todo al aire. Y así, el azahar trenza alfombras de alabanzas, teje bufandas de injurias y tricota calcetines de explicaciones complicadas"
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Buscando "La casa de las palabras" de Eduardo Galeano, encontré esta carta que escribió el mismo Eduardo contando como había soñado este cuento y para quien era.
Eduardo Galeano: Una casa de palabras para Julio Cortázar
Julio es una larga cuerda con cara de luna. La luna tiene ojos de estupor y melancolía. Así lo voy viendo en la penumbra del entresueño, mientras desato las pestañas. Así lo voy viendo y lo voy escuchando, porque Julio está sentado junto a la cama donde despierto y suavemente me cuenta los sueños que yo acabo de soñar y que ya no recuerdo o creo que no recuerdo. Esto he sentido desde que leí sus cosas por primera vez, hace más de veinte años, y yo siempre con ganas de entregarle sueños a cambio de los que él me devolvía. Nunca pude. No valen la pena los pocos sueños míos que consigo recordar al fin de cada noche.
Ahora Helena me ha dado los suyos, para que yo se los dé a Julio. El sueño de la casa de las palabras, por ejemplo. Allí acudían los poetas a mezclar y probar palabras. En frascos de vidrio estaban guardadas las palabras, y cada una tenía un color, un olor y un sabor y cada una sonaba y quería ser tocada. Los poetas elegían y combinaban, buscando tonalidades y melodías, y se acercaban a la nariz las frases que iban formando, y las probaban con el dedo: “Esta precisa más aroma de lluvia”, decía Juan, y Ernesto decía: “A ésta le sobra sal”. La casa de las palabras se parecía mucho a la casa de Rosalía de Castro, en Galicia; y quizás era. Los árboles se metían por las ventanas.
O, pongamos por caso, el sueño de la mesa de los colores. Estábamos todos en ese sueño, todos los amigos sentados en torno de una mesa, y también la multitud de “extras” que trabajan en cualquier sueño que se respete. En las fuentes y en los platos había comida, pero sobre todo había colores: cada cual se servía alguna alegría de la boca y también se servía algún color, el color que le hacía falta, y el color entraba por los ojos: amarillo limón o azul de mar serena, rojo humeante o rojo lacre o rojo vino. Una vez, Helena soñó que sus sueños se marchaban de viaje y ella iba hasta la estación del tren a despedirlos y por ahí andaba entreverado, no sé cómo, el Chacho Peñaloza queriendo irse a Beirut. Y otra vez, hace poco, soñó que se había dejado los sueños en Mallorca, en casa de Claribel y Bud. En pleno sueño sonaba el teléfono y era Claribel llamando desde el pueblo de Deyá. Claribel decía que Helena se había olvidado un montón de sueños en su casa y que ella los había guardado, atados con una cinta, y que sus nietos querían ponérselos y ella les decía: “Eso no se toca”.
—¿Qué hago con tus sueños? —preguntaba Claribel en el sueño.
—Dáselos a Julio —le sugerí yo, después, mientras el cafecito nos abría, de a poco, las puertas del día: y Helena estuvo de acuerdo.
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Sigo por los caminos de esta nota y quería saber donde se había publicado, esto me sale de bibliotecaria, buscar la fuente, y en esta maravillosa nube que es Internet encontré la revista Araucaria de Chile, pueden ver el detalle del índice. Maravilloso!!!
Nº 26 Segundo trimestre 1984
A los lectores / De los lectores
CARTAS DE CHILE
Pedro de Santiago: La casa en la pradera
LA HISTORIA VIVIDA
Miguel Lawner: El camino de La Victoria
EXAMENES
Juan Oyola: La modernización de la vivienda social en Chile
Carlos Albrecht: ¿Una arquitectura para la persuasión consumista?
ANIVERSARIOS
Julio Cortázar: Pablo Neruda, ese sonriente guerrero
Hernán Castellano Girón: Neruda humorista
Francisco Coloane: Fantasmas nerudianos
Humberto Díaz Casanueva: Neruda y su Canto a Bolívar
Hernán loyola: Los Veinte poemas sesenta años después
Luis Alberto Mansilla: Vivir con Neruda
Osvaldo Obregón: Fulgor y muerte de Joaquín Murieta, génesis y estructura
Federico Schopf: Las huellas del poeta
Raúl Silva Cáceres: El Canto General y la Sinfonía N° 12 de Alan Patterson
José Miguel Varas: El humor en la poesía y en la vida de Neruda
TEMAS
Variaciones sobre Julio Cortázar.
Jorge Enrique Adoum: Desencuentros con Julio
Luis Bocaz: El humanista latinoamericano
Eduardo Galeano: Una casa de palabras para Julio Cortázar
Daniel Moyano: Cortázar y los argentinos
Miguel Rojas Mix: Conversaciones de Julio sobre Septiembre
Osvaldo Soriano: Un escritor, un país, un desencuentro
Volodia Teiteiboim: Encuentros con Cortázar
TEXTOS
Omar Lara: Los días del poeta
Carlos Cerda: Viaje del poeta al corazón del tiempo
LOS LIBROS
Volodia Teitelboim: Para leer el Canto General
CRONICA
Entrevista a Eduardo Valencia: Combatir por un techo
Virginia Vidal: Cumplir cien años
Ciro Bianchi: Veinticinco años de Casa de las Américas
Raquel Olea: Pintoras chilenas en Berlín
Varia Intención (Manzanas rojas / Los paisajes ideológicos de Eugenio Téllez / Despedida a Adela Gallo)
CARTAS DE CHILE
Pedro de Santiago: La casa en la pradera
LA HISTORIA VIVIDA
Miguel Lawner: El camino de La Victoria
EXAMENES
Juan Oyola: La modernización de la vivienda social en Chile
Carlos Albrecht: ¿Una arquitectura para la persuasión consumista?
ANIVERSARIOS
Julio Cortázar: Pablo Neruda, ese sonriente guerrero
Hernán Castellano Girón: Neruda humorista
Francisco Coloane: Fantasmas nerudianos
Humberto Díaz Casanueva: Neruda y su Canto a Bolívar
Hernán loyola: Los Veinte poemas sesenta años después
Luis Alberto Mansilla: Vivir con Neruda
Osvaldo Obregón: Fulgor y muerte de Joaquín Murieta, génesis y estructura
Federico Schopf: Las huellas del poeta
Raúl Silva Cáceres: El Canto General y la Sinfonía N° 12 de Alan Patterson
José Miguel Varas: El humor en la poesía y en la vida de Neruda
TEMAS
Variaciones sobre Julio Cortázar.
Jorge Enrique Adoum: Desencuentros con Julio
Luis Bocaz: El humanista latinoamericano
Eduardo Galeano: Una casa de palabras para Julio Cortázar
Daniel Moyano: Cortázar y los argentinos
Miguel Rojas Mix: Conversaciones de Julio sobre Septiembre
Osvaldo Soriano: Un escritor, un país, un desencuentro
Volodia Teiteiboim: Encuentros con Cortázar
TEXTOS
Omar Lara: Los días del poeta
Carlos Cerda: Viaje del poeta al corazón del tiempo
LOS LIBROS
Volodia Teitelboim: Para leer el Canto General
CRONICA
Entrevista a Eduardo Valencia: Combatir por un techo
Virginia Vidal: Cumplir cien años
Ciro Bianchi: Veinticinco años de Casa de las Américas
Raquel Olea: Pintoras chilenas en Berlín
Varia Intención (Manzanas rojas / Los paisajes ideológicos de Eugenio Téllez / Despedida a Adela Gallo)
Portadas: Pinturas de Eugenio Téllez. Ilustraciones interiores: fotografías de Selim Mohor, Marcelo Montecino y Michael Davgaard. Dibujos de Eugenio Téllez y Emma Malig.
miércoles, 1 de octubre de 2014
La línea
Siguiendo la línea, me encuentro con este libro precioso de Beatriz Dourmec y Ayax Barnes, uno de los libros prohibidos durante la última dictadura militar.
y les dejo el enlace una versión digitalizada muy linda
Un cuento de Cortázar...
Las Líneas de la Mano
De una carta tirada sobre la mesa sale una línea que corre
por la plancha de pino y baja por una pata. Basta mirar bien
para descubrir que la línea continúa por el piso de parqué,
remonta el muro, entra en una lámina que reproduce un
cuadro de Boucher, dibuja la espalda de una mujer reclinada
en un diván y por fin escapa de la habitación por el techo y
desciende en la cadena del pararrayos hasta la calle. Ahí es difícil
seguirla a causa del tránsito, pero con atención se la verá subir
por la rueda del autobús estacionado en la esquina y que lleva al
puerto. Allí baja por la media de nilón cristal de la pasajera más rubia,
entra en el territorio hostil de las aduanas, rampa y repta y zigzaguea
hasta el muelle mayor y allí (pero es difícil verla, sólo las ratas la siguen
para trepar a bordo) sube al barco de turbinas sonoras, corre por las
planchas de la cubierta de primera clase, salva con dificultad la
escotilla mayor y en una cabina, donde un hombre triste bebe coñac
y escucha la sirena de partida, remonta por la costura del pantalón,
por el chaleco de punto, se desliza hacia el codo y con un último
esfuerzo se guarece en la palma de la mano derecha, que en ese
instante empieza a cerrarse sobre la culata de una pistola.
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