El joven viajaba solo, a su gusto, con una única maleta como equipaje. No tenía un destino. Se subía al tren, viajaba y, cuando encontraba un lugar que le atraía, se apeaba. Buscaba alojamiento, visitaba el pueblo y permanecía allí cuanto quería. Si se hartaba, volvía a subirse al tren. Así era como pasaba siempre sus vacaciones.
a otros libros, otros poemas, otras imágenes, otros sentidos, otros caminos para andar infinitamente sin brújula ni destino...
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Las Líneas de la Mano De una carta tirada sobre la mesa sale una línea que corre por la plancha de pino y baja por una pata. ...
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